¿Podría funcionar energéticamente una Catalunya Independiente?

¿Podría funcionar una Cataluña independiente basándonos en términos eléctricos? ¡NO!

Una Cataluña independiente se vería obligada a importar entre un 7 y un 15% de la energía eléctrica, del resto de España.

Ante una hipotética desconexión de Cataluña del resto de España, los catalanes tendrían que afrontar otro problema del que casi nadie habla, problema que no solo arruinaría la industria catalana sino que afectaría a la mayoría de hogares gravemente, tanto en el suministro como en la factura de la luz.

¿Podría funcionar energéticamente una Catalunya Independiente?Es tal el desbarajuste que se montaría que ni las grandes eléctricas consultadas son capaces de evaluar escenarios alternativos a la normalidad.

Lo que es seguro es que el suministro eléctrico, en el teórico caso de la desconexión de Cataluña, estaría en manos de firmas españolas.

Las grandes centrales eléctricas, refinerías, las redes de suministro y los sistemas de gestión son propiedad de empresas de fuera de la región.

Está claro que estas empresas podrían llegar a ser nacionalizadas pero… estaríamos hablando del colmo del disparate: tras una impredecible independencia, pensar que esta se convirtiera en república bananera.

Cataluña es la comunidad autónoma que más energía genera, pero también es la que más energía necesita, al igual que le pasa a Madrid y al País Vasco, por lo que para abastecerse de electricidad son las que más necesitan del resto de España.

Los independentistas no han tenido en cuenta que la seguridad en el suministro eléctrico es un punto base en la construcción de cualquier país, más todavía si cuentan con la oposición de la comunidad internacional.

Tomando datos del año 2016 facilitados por Red Eléctrica Española, Cataluña generó el 16,5% de la producción nacional, un total de 43.215 GWh. De este 16,5%, el 82,7% procede de centrales nucleares y de ciclo combinado.

¿Podría funcionar energéticamente una Catalunya Independiente?No hay que olvidar que Tarragona es la provincia que más centrales nucleares tiene de España, Asco I y II, y Vandellós.

Con la energía generada en 2016 Cataluña solo pudo cubrir el 92,8 de la demanda total de energía eléctrica.

Los registro de generación y consumo de energía eléctrica indican que el déficit eléctrico fuerza a importar entre el 7 y el 15%, del resto de España.

Con estos datos existiría una total dependencia energética de España.

Referente a los productos petrolíferos pasa algo similar. Y teniendo en cuenta que el consumo de energía final se está recuperando, hay que tener en cuenta que, a mayor recuperación, mayor dependencia del resto de España.

El hecho de que los independentistas no hablen de este asunto les resta credibilidad ante la posibilidad de que se declare la independencia. De los expertos en energías, nadie habla de esto porque nadie contempla la posibilidad de la separación.

La dependencia del gas natural: el otro talón de Aquiles

Más allá de la electricidad, una Cataluña independiente se enfrentaría a un problema aún más acuciante: el gas natural. Cataluña no dispone de yacimientos propios de gas y su consumo industrial y doméstico depende por completo de las importaciones. Actualmente, el gas llega a través del gasoducto de Argelia, que atraviesa el resto de España, y mediante los dos grandes terminales de gas natural licuado (GNL) situados en Barcelona y en la vecina Tarragona. En un escenario de desconexión, el control de estas infraestructuras, que son propiedad de Enagás y otras compañías de matriz española, quedaría en un limbo jurídico y operativo.

Los independentistas suelen obviar que el gas no solo calienta los hogares, sino que alimenta el 30% de la generación eléctrica catalana a través de ciclos combinados. Sin un acuerdo con el Reino de España o sin inversiones multimillonarias para construir nuevos gasoductos submarinos desde Argelia o Francia, las plantas de ciclo combinado catalanas tendrían que operar con importaciones puntuales de GNL a precios spot, mucho más caros que los contratos a largo plazo de los que hoy disfruta la península. El resultado sería una factura del gas disparada que golpearía de lleno a la industria química de Tarragona, uno de los motores económicos de la región, y a cientos de miles de hogares que usan calderas de gas.

Además, habría que renegociar los contratos de almacenamiento subterráneo y la coordinación con el sistema gasista español. Sin acuerdos de interconexión, Cataluña se convertiría en una isla energética también en gas, con el riesgo de desabastecimiento en olas de frío o picos de demanda. No es exagerado afirmar que la independencia energética en gas es aún más ilusoria que en electricidad, y que los defensores de la secesión no han explicado cómo piensan garantizar el suministro en invierno.

El control de las centrales nucleares: un asunto de seguridad nacional

Otro capítulo que nadie quiere abrir es el de la energía nuclear. Cataluña alberga tres reactores nucleares en activo: Ascó I, Ascó II y Vandellòs II, que en conjunto producen alrededor del 55% de la electricidad que consume la comunidad autónoma. Estas centrales son propiedad de Endesa e Iberdrola, empresas con sede y accionariado mayoritariamente fuera de Cataluña, y están reguladas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) español. En caso de independencia, la gestión de estas instalaciones plantearía un problema monumental: ¿quién sería el titular de las licencias de explotación? ¿Qué tratado internacional ampararía la seguridad nuclear de un nuevo Estado sin reconocimiento pleno?

La normativa europea e internacional exige que cada Estado tenga una autoridad nuclear propia, con inspectores, planes de emergencia y acuerdos bilaterales para la gestión del combustible gastado. Cataluña tendría que crear desde cero un organismo regulador nuclear, contratar expertos, asumir la responsabilidad civil por posibles accidentes y, sobre todo, resolver el espinoso asunto del almacenamiento definitivo de residuos radiactivos. Hoy esos residuos se envían al almacén centralizado de El Cabril, en Córdoba. Sin un acuerdo con España, el combustible gastado de Ascó y Vandellòs se acumularía en las propias piscinas de las centrales, saturándolas en pocos años y obligando a parar los reactores.

Los apagones no serían el único riesgo: la incertidumbre jurídica sobre la propiedad y la operación de las nucleares podría llevar a las eléctricas a desentenderse de su mantenimiento, algo que la legislación española actual impide. La independencia, lejos de garantizar el suministro, podría dejar a Cataluña sin más de la mitad de su generación eléctrica de base y con un pasivo nuclear de miles de millones de euros.

Estabilidad de la red e interconexiones: un sistema que no se improvisa

La red eléctrica catalana no es un ente aislado, sino una pieza del sistema peninsular ibérico gestionado por Red Eléctrica de España. La frecuencia de 50 hercios, la tensión en las líneas de alta tensión y el equilibrio entre generación y demanda se controlan en tiempo real desde el centro de control de Alcobendas, en Madrid. Separar la red catalana del resto de España exigiría construir nuevos centros de control, instalar sistemas de regulación de frecuencia y, sobre todo, dotar a Cataluña de interconexiones suficientes con Francia para no depender del sistema español. Hoy la interconexión con Francia a través de los Pirineos es de apenas unos 2.800 megavatios, insuficiente para un país que puede demandar picos de más de 10.000 megavatios.

Los técnicos de Red Eléctrica y de las compañías distribuidoras consultados coinciden en que una separación brusca de la red provocaría colapsos de tensión y apagones en cadena. Cataluña necesitaría invertir miles de millones de euros en nuevas líneas de interconexión con Francia, un proceso que tarda más de una década en tramitarse por la oposición de los territorios afectados y las exigencias medioambientales. Mientras tanto, la red catalana se mantendría en una situación de isla eléctrica precaria, con microcortes, fluctuaciones de frecuencia que dañarían equipos electrónicos y una calidad de suministro incompatible con la actividad industrial moderna.

Además, la pertenencia al mercado eléctrico europeo no es automática: requiere años de negociaciones, cumplir con el acervo comunitario y disponer de interconexiones físicas. Sin ese reconocimiento, las empresas catalanas no podrían comprar ni vender electricidad en el mercado mayorista europeo, lo que añadiría costes de transacción y barreras arancelarias energéticas. La supuesta soberanía energética se convertiría en una jaula de inseguridad técnica y financiera.

El coste económico: facturas disparadas y fuga de inversores

Detrás de todos estos problemas técnicos y jurídicos se esconde una realidad económica demoledora. Hoy Cataluña se beneficia de las economías de escala del sistema eléctrico español: una sola tarifa de acceso, un único operador del sistema, un fondo común para compensar el déficit de tarifa y subvenciones a las renovables repartidas entre todos los consumidores españoles. Al independizarse, Cataluña tendría que asumir en solitario los costes fijos de su red, de la gestión de la demanda y de la transición energética. Los expertos estiman que la factura eléctrica catalana podría subir entre un 30 y un 50% solo para cubrir los gastos de operación y mantenimiento, sin contar el sobrecoste del combustible importado.

La industria catalana, gran consumidora de electricidad y gas, ya compite en desventaja con otras regiones españolas por su dependencia energética. Con precios más altos, muchas empresas químicas, metalúrgicas y alimentarias trasladarían su producción fuera de Cataluña, llevándose empleo y valor añadido. Los hogares, especialmente los más vulnerables, sufrirían un incremento insoportable en un contexto de inflación energética europea. Tampoco hay que olvidar que Cataluña recibe cada año cientos de millones de euros del Fondo Europeo para la transición energética; un nuevo Estado no reconocido perdería el acceso inmediato a esos fondos, retrasando aún más la descarbonización.

Finalmente, la incertidumbre sobre la propiedad de las redes de distribución y las centrales generaría un conflicto jurídico con las compañías españolas, que reclamarían indemnizaciones multimillonarias por expropiación. El coste total de una hipotética desconexión energética catalana se cifra en decenas de miles de millones de euros, una losa insoportable para una economía regional que no llega a los 300 mil millones de PIB. La conclusión es inapelable: la independencia energética de Cataluña no solo es inviable, sino que constituiría un suicidio económico y social.

REFERENCIA

Sobre El Diario de la Energía 169 artículos

Artículos preparados por la redacción del diario.

6 comentarios

  1. Un artículo muy interesante, me preguntaba porque dices que el 7-15% que necesita importar Catalunya no le permiten ser un país. Es decir, no podría importar esta energía de España o Francia? También le pasaría lo mismo a España ya que en cierta manera puede haber momentos en que dependa de la generación en Catalunya no?

    • Pablo creo que no has leido el articulo o no lo has entendido por lo tanto cito

      firmas españolas.

      Las grandes centrales eléctricas, refinerías, las redes de suministro y los sistemas de gestión son propiedad de empresas de fuera de la región.

      Está claro que estas empresas podrían llegar a ser nacionalizadas pero… estaríamos hablando del colmo del disparate: tras una impredecible independencia, pensar que esta se convirtiera en república bananera.

      Cataluña es la comunidad autónoma que más energía genera, pero también es la que más energía necesita, al igual que le pasa a Madrid y al País Vasco, por lo que para abastecerse de electricidad son las que más necesitan del resto de España.

      Los independentistas no han tenido en cuenta que la seguridad en el suministro eléctrico es un punto base en la construcción de cualquier país, más todavía si cuentan con la oposición de la comunidad internacional.

      • Muy bueno tu articulo, y ademas ampliable, ellos no saben que gran parte del agua que se desvía del alto Aragon va a Lerida y sus comarcas, que con canalizarla hacia los Monegros, se quedarían sin regadío, y morirían sus cosechas, tienen suerte de que las concesiones a Cataluña les haya dado tan gran cantidad y capacidad de producción,en vez de darselas a quien por ley natural les pertenece,que es la comunidad de Aragon.

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