Los enchufes de los Fabra para proteger al lobby del gas

Los enchufes de los Fabra para proteger al lobby del gas

Nombrar a el expresidente de Red Eléctrica, Jorge Fabra, en el sector eléctrico aún genera murmullos. Enseguida surgen comentarios sobre enchufismo y falta de consistencia académica. «Es un loco contra el mercado. Su fijación», comentan en el Colegio de Economistas, «es proteger a las empresas del gas contaminantes, donde colocó a su hija, contra las hidroeléctricas limpias. De eso vive».

Ha hecho carrera en varios organismos y empresas públicos, entre ellos el de consejero de Endesa, presidente de Red Eléctrica (REE) entre 1988 y 1997 y consejero del Consejo de Seguridad Nuclear en 2017. La cuestión es que Jorge Fabra siempre ha estado relacionado con el PSOE y el lobby petrolero-gasístico. Y este vínculo le ha ido trayendo distintos puestos.

Una de sus puntas de lanza ha sido la crítica al sector hidroeléctrico. Aunque no pareció tener los mismos reparos con la solar, pues cuando era consejero, parte de su círculo cercano trabajaba para Abengoa. Recordemos que es durante esta época cuando explotó la burbuja de las termosolares, con un coste altísimo para la tarifa general, siendo de Abengoa más del 30%. Dentro del sector no se duda de su responsabilidad.

Pero sin lugar a duda para sus colegas economistas, lo que más choca de Jorge Fabra es que “es que niega el sistema marginalista aplicado por todos los gobiernos europeos como si no existieran costes fijos. La gente que no sabe economía pica enseguida. Tiene errores de principiante”.

De casta le viene al galgo

Y esta exaltación crítica al mercado y a la hidroeléctrica, ha sido heredada por su hija Natalia Fabra, que, con más pasión que rigor, se empeña en sacar estudios en contra del mercado. Natalia Fabra es Consejera de Enagás, asesora de la vicepresidenta Nadia Calviño en el Consejo Asesor de Asuntos Económicos, y miembro del Foro para la Transición Energética Justa e Inclusiva en el Ministerio para la Transición Ecológica de Teresa Ribera. No usó una puerta giratoria, se instaló en ella.

Jorge y Natalia Fabra

Llama la atención que quien dice estar en contra de energías limpias y renovables, esté de la mano de las empresas de gas sobre las que está recayendo uno de los principales problemas de la factura energética y del alza de precios. Sin olvidar la preocupación por la situación actual geopolítica y de abastecimiento que irán aumentando en las próximas semanas. El interés por socavar algunas energías españolas, en interés de otras importadas y contaminantes del extranjero, pueden estar en algunos de estos vínculos familiares, que tocan ya dos Vicepresidencias distintas del Gobierno de España.

Puertas giratorias

Durante los últimos meses, Jorge Fabra, se ha prodigado en distintos medios de comunicación señalando el problema de las puertas giratorias en la política, pero parece no tener problema en usar esas mismas puertas a lo largo de su carrera en beneficio propio y que su hija haga lo mismo. Todo indica también que algunos sectores de la casta socialista están ciertamente cómodos con algunas puertas y sus giros.

Seguro que, a medida que las temperaturas bajen en las próximas semanas, serán muchos los que se preguntarán si los Fabra han usado energías limpias o gas para calentar sus moradas. Aunque nos tememos que ellos estarán ocupados calculando su próximo giro en la puerta.

Un currículum inflado: ni doctor en Economía ni regulador independiente

Jorge Fabra se presenta en foros y entrevistas como «economista» y «experto en regulación energética», pero su formación real es bien distinta. Licenciado en Derecho, su doctorado —leído en la Universidad Complutense a mediados de los ochenta— versó sobre el régimen jurídico de la energía, no sobre teoría económica. Sin embargo, eso no le ha impedido dictar sentencia sobre mercados marginalistas, costes hundidos o precios de casación, materias que jamás ha aprobado en una facultad de Economía. «Es como si un abogado laboralista empezara a operar corazones porque ha leído dos manuales», ironiza un catedrático de Organización Industrial que prefiere no dar su nombre.

Además, su producción académica es prácticamente inexistente en revistas con revisión por pares. Sus «informes» suelen ser encargos de fundaciones y lobbies energéticos, publicados sin ningún control metodológico. En su currículum oficial destaca títulos honoríficos, cursos de verano y cargos políticos, pero ni una sola publicación en journals como Energy Economics, Journal of Regulatory Economics o similar. La comunidad académica seria lo considera un «publicista», no un investigador.

La hija en la gasista: un conflicto que no prescribe

En el sector se comenta sin tapujos: la hija de Jorge Fabra lleva años trabajando en una de las grandes compañías gasistas españolas, en puestos de análisis regulatorio y relaciones institucionales. El propio Fabra nunca lo ha ocultado en privado, pero en público jamás menciona ese vínculo cuando arremete contra la hidroeléctrica o pide pagos por capacidad para los ciclos combinados de gas. Las actas de organismos como Red Eléctrica o el Consejo de Seguridad Nuclear muestran que en ninguna votación se abstuvo por conflicto de intereses, a pesar de que las decisiones afectaban directamente al negocio gasista.

«¿Cómo se puede aceptar que un tipo cuyo sueldo familiar depende del gas diseñe los mecanismos de capacidad que van a pagar todos los consumidores?», se pregunta un ingeniero industrial con décadas de experiencia en el operador del sistema. La respuesta, según sus críticos, es que el sistema de puertas giratorias y enchufes del PSOE lo ha blindado. Añaden que su hija no es un caso aislado: varios ex altos cargos de Red Eléctrica y de la CNMC han acabado en consejos de Redacciónistración de Enagás o Naturgy, y Fabra es solo la cara más visible de esa red. Los ejemplos son numerosos:

  • Según denuncian fuentes del sector, mientras era consejero de Endesa apoyó la compra de centrales de gas y se opuso a prolongar la vida útil de saltos hidroeléctricos.
  • En informes encargados por la patronal gasista, propuso retribuir la disponibilidad de los ciclos combinados con hasta 4.000 millones de euros anuales.
  • Como consejero del CSN, votó a favor de prorrogar la operación de centrales nucleares mientras calificaba de «escandalosos» los ingresos de las hidroeléctricas, sin abstenerse pese al vínculo laboral de su hija.

La guerra contra la hidroeléctrica: ideología o factura

La obsesión de Fabra con las hidroeléctricas no es nueva. Desde los años noventa, cuando presidía Red Eléctrica, sostiene que los saltos de agua y las centrales de bombeo distorsionan el mercado porque su coste marginal es casi nulo. Pero, curiosamente, nunca aplica el mismo argumento a las renovables eólicas o solares, ni a las importaciones de gas de Argelia. Sus colegas economistas señalan que su cruzada contra la hidroeléctrica beneficia directamente a los ciclos combinados de gas, que son los que fijan el precio en la mayoría de las horas del año. «Si eliminas la competencia de la hidroeléctrica barata, el gas se queda solo en el mercado y sube la factura de todos», explica un consultor del sector.

En sus numerosos artículos y ponencias, Fabra pide un «impuesto sobre los beneficios extraordinarios» exclusivamente para hidroeléctricas y nucleares, pero guarda silencio sobre los márgenes históricos de las gasistas. También aboga por prohibir las centrales hidroeléctricas de bombeo, pese a ser la única tecnología de almacenamiento a gran escala capaz de integrar renovables. En su lugar, propone pagar miles de millones a las centrales de gas simplemente por estar disponibles, incluso si no producen ni un kilovatio-hora. Un informe suyo difundido en 2022 por una fundación empresarial cifraba ese coste en 3.500 millones anuales, que se cargarían a la tarifa eléctrica. «Es el mayor regalo al lobby gasista de la historia reciente», denuncian en el Colegio de Economistas.

El CSN y otros sillones: cómo vivir del erario sin dar explicaciones

En 2017, Jorge Fabra fue nombrado consejero del Consejo de Seguridad Nuclear a propuesta del PSOE, a pesar de no tener formación alguna en ingeniería nuclear, física o seguridad radiológica. Su único mérito era su larga trayectoria política y su disponibilidad para votar según las consignas del partido. Desde ese sillón, no ha dudado en opinar sobre el mercado eléctrico, la fiscalidad de las hidroeléctricas o la conveniencia de abrir nuevas centrales de gas, temas que nada tienen que ver con la seguridad nuclear. «Utiliza el CSN como un altavoz pagado con dinero público para seguir haciendo lobby», critica un antiguo inspector del organismo.

La lista de cargos públicos de Fabra es larga: consejero de Endesa, presidente de Red Eléctrica, miembro del CSN, asesor de varios ministerios socialistas y, en cada etapa, consultor de empresas gasistas al salir. Su patrimonio y sus ingresos nunca han sido investigados a fondo, y las declaraciones de bienes que ha presentado son opacas. Mientras tanto, el recibo de la luz de los españoles sigue subiendo, y las centrales de gas —muchas de ellas propiedad de fondos de inversión extranjeros— se llevan beneficios récord. Para los críticos de Fabra, la conclusión es clara: «no es un economista que se equivoca, es un lobbista que acierta siempre a favor de los suyos».

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