La subida de la luz: No te creas todo lo que te cuentan

lavadora subida luz

No dejamos de oír en los distintos medios de comunicación como el precio de la luz sube cada vez más y más. Cada semana nos regala un máximo histórico. Mientras, algunos de tus amigos te cuentan como programan la lavadora a horas cada vez más extrañas o apagan la calefacción cada vez más temprano.

Sin embargo, la explicación de las subidas muchas veces no queda nada clara. Aquí te explicamos claramente por qué sube la tarifa y a quién beneficia. Sin duda, te sorprenderá…

No dudes en compartir este vídeo y que quede claro que se enriquece cuando tu pagas más.

El sistema marginalista: por qué pagas el precio de la energía más cara

Pocas veces se explica con claridad, pero es la clave de todo este lío. En el mercado mayorista de la electricidad, todas las tecnologías (nuclear, hidráulica, eólica, solar, gas…) ofertan su energía y se ordenan de la más barata a la más cara. El precio final que cobran todas, sin excepción, lo marca la última central que entra para cubrir la demanda: hoy por hoy, casi siempre los ciclos combinados de gas. Eso significa que, aunque el 50 % de tu electricidad provenga de aerogeneradores que producen a coste casi cero, tú pagas como si toda hubiera salido de una turbina de gas. El gas marca el precio para todos.

Este mecanismo, llamado “marginalista”, se defiende argumentando que garantiza la inversión y la seguridad de suministro. Pero en la práctica se ha convertido en una máquina de transferir rentas: las centrales nucleares o hidráulicas, con costes fijos amortizados desde hace décadas, ingresan lo mismo que el gas más caro. La excusa de “así funciona Europa” no convierte el resultado en justo. De hecho, España lleva años pidiendo sin éxito reformar este sistema en Bruselas, mientras las grandes eléctricas se oponen con todos sus lobbies. Si te preguntas por qué tu factura no baja cuando sopla el viento o luce el sol, ya tienes la respuesta.

Los derechos de emisión de CO₂: el impuesto que nadie vota pero todos pagamos

Otro de los grandes olvidados del debate son los derechos de emisión de dióxido de carbono. La Unión Europea obliga a las centrales que queman gas o carbón a comprar permisos para contaminar. El precio de estos derechos se ha multiplicado por cuatro o cinco en los últimos años, superando con holgura los 80 o 90 euros por tonelada. ¿Y quién paga eso? Exacto: tú. Las eléctricas trasladan íntegramente ese coste a su oferta en el mercado mayorista, con el visto bueno del sistema marginalista.

Lo más sangrante es que este “impuesto verde” teóricamente debería servir para financiar la transición ecológica, pero en España una parte importante de esos ingresos se ha destinado a compensar a las propias eléctricas por los llamados “costes de transición a la competencia” o ha quedado diluida en los Presupuestos Generales del Estado. Mientras tanto, el ciudadano que no puede cambiar su caldera de gas o que vive en un piso mal aislado es quien asume el sobrecoste sin recibir ninguna ayuda directa. Se vende como lucha contra el cambio climático, pero el reparto de la carga es profundamente desigual.

Los beneficios récord de las eléctricas: el atraco perfecto

Cuando más sube la luz, mejores resultados presentan las grandes compañías. Iberdrola, Endesa y Naturgy han batido récords de beneficios año tras año, con cifras que superan los 3.000 o 4.000 millones de euros anuales cada una en los últimos ejercicios. No es casualidad: el sistema marginalista y el traslado automático del coste del gas y de los derechos de CO₂ les garantizan un margen escandaloso. Pero además se da la paradoja de que muchas de estas empresas producen buena parte de su energía con fuentes baratas (nuclear, hidráulica, renovables ya amortizadas) mientras cobran el precio del gas más caro.

Ese diferencial se conoce como “beneficios caídos del cielo” o windfall profits. En Francia o Italia se han aprobado impuestos temporales sobre estos beneficios extraordinarios; en España, el gobierno los ha anunciado varias veces pero su aplicación ha sido limitada y llena de excepciones. Las eléctricas presionan, amenazan con dejar de invertir y recuerdan que tienen contratos blindados con la gran industria. Detrás, una red de puertas giratorias: exministros en consejos de Redacciónistración, directivos que saltan de lo público a lo privado y una regulación que siempre llega tarde y mal. Por eso, cuando oigas que “el precio lo pone el mercado”, recuerda que el mercado no es un ente abstracto: lo controlan cuatro o cinco empresas con nombre, apellidos y cuenta de resultados.

Los impuestos y cargos fijos: la mitad oculta de tu factura

Mucha gente cree que pagar la luz es pagar la energía que consume. Falso. Aproximadamente la mitad de tu factura son conceptos ajenos al consumo eléctrico: impuestos, peajes, primas a las renovables, deuda acumulada del sistema, subsidios a la cogeneración, costes extrapeninsulares, etc. El IVA es solo la guinda: un 5 % o 10 % reducido coyunturalmente, pero que en condiciones normales llega al 21 %. El resto, ese 30–40 % de cargos fijos, se mantiene llueva o truene, consumas mucho o poco.

Entre esos cargos destacan:

  • Las primas a las renovables antiguas, comprometidas durante la burbuja fotovoltaica de 2007-2008, que aún se pagan y lo harán durante años.
  • La deuda del sistema eléctrico, generada por años de déficit tarifario: se calcula que cada consumidor arrastra más de 500 euros de deuda histórica.
  • Los sobrecostes de las islas y territorios no peninsulares, que se reparten entre todos los consumidores de la península.
  • Las anualidades para pagar la moratoria nuclear y otros compromisos heredados de la liberalización.

La conclusión es demoledora: aunque mañana el precio del gas cayera a cero, tu factura solo bajaría parcialmente, porque el Estado y las empresas llevan años aparcando en el recibo de la luz gastos que no tienen nada que ver con generar electricidad. Cada subida de la luz es una excusa perfecta para que nadie ponga orden en ese cajón de sastre, y mientras tanto, quien paga los platos rotos eres tú.

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1 comentario

  1. Que tontería más grande, estamos pagando la energía renovable a precio de la de combustión fósil y eso ni lo menta. Si pagáramos el precio por cada tipo de energía consumida, nos bajaría el precio, pero a las comercializadoras,no le interesa decirlo, pues son ellas, quien se quedan la diferencia

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