El gas natural, en su calidad de combustible fósil, no deberá de seguir en el mix energético para 2.050 si se pretende conseguir la descarbonización total.
Por ello no se puede implantar nueva potencia eléctrica alimentada con gas natural pensando en reducir emisiones contaminantes para 2.030, ya que lo único que hacemos es aumentar los problemas para conseguir un mix alimentado solo por energías renovables para 2.050.
Por ello, el último informe del Centro de Investigación Economics for Energy pone de manifiesto que todo cambio relacionado con la energía hay que planificarlo a largo plazo, siempre pensando en el horizonte del 2.050: “des carbonización total”.
Según EnergyNews, el informe Escenarios para el sector energético en España 2030-2050, que fue presentado el pasado día 13 por los directores del Centro de Investigación Economics for Energy, Pedro Linares y Xavier Labandeira, detalla las consecuencias económicas, ambientales y tecnológicas que implicarían para el sector energético español cuatro escenarios de evolución diferentes: descarbonización, mantenimiento de las políticas energéticas actuales, avance tecnológico acelerado y estancamiento económico a largo plazo.
Conseguir la descarbonización total para 2.050 implica que los combustibles fósiles, carbón petróleo y gas, habrán desaparecido del mix energético español, y que habrán sido sustituidos por energías renovables libres de emisiones de CO2. Solo hay un problema y es que para conseguir esta transición hay que conseguir la electrificación del suministro y que por tanto aumentará la demanda de electricidad, por lo que se hará necesario acoplar la generación variable de las renovables a esta demanda, mediante grandes sistemas de almacenamiento.
En el informe, y en todos los escenarios, siempre se pone de relieve la inversión a largo plazo, que en algunos momentos solo se ve compensado por la eliminación de las opciones de compra de CO2 futuras. Sus puntos básicos son: “potenciar el ahorro y estimular la eficiencia energética”, en los cuatro escenarios previstos.
Escenario nº 1 – Descarbonización
- Compromiso de reducción de gases, contemplado por la mayoría de países.
- Las tecnologías de eficiencia energética experimentan un gran impulso.
- El proceso de electrificación es intenso. Afecta básicamente al transporte.
- La nuclear permanece y el gas es el protagonista del mix en 2.030.
- El crecimiento económico es sostenible. Se financia la descarbonización.
Escenario nº 2 – Mantenimiento de las políticas energéticas actuales
- Si se asume un enfriamiento en el cumplimiento de los acuerdos de París y la ciudadanía no presiona, España no podrá descarbonizarse en 2.050.
- La menor exigencia se verá reflejada en un menor grado de electrificación.
- Aumentarán las renovables.
- El petróleo, el gas y el carbón, seguirán en el mix energético en 2.050.

Escenario nº 3 – Avance tecnológico acelerado
- Los costes de generación de energías renovables se reducen drásticamente.
- La economía crece.
- La reducción de costes y la mejora de la economía llevan a un aumento generalizado de la demanda.
- Ya no es necesario ahorrar energía para evitar emisiones de CO2.
- Se prevé que en 2.050 la demanda de electricidad duplique a la del 2.017.
- La mayor demanda energética implica contar más con el gas en 2.030 para facilitar la transición y cubrir las posibles limitaciones e inestabilidades de las renovables.
- En 2.050 continua la nuclear, que desaparece en cuanto se amplíen lo suficiente las renovables.
Escenario nº 4 – Estancamiento económico a largo plazo
- Se plantea en un contexto político inestable acompañado de un estancamiento económico.
- Como consecuencia del estancamiento económico se reduce la demanda de energía.
- Se reduce la emisión de gases de efecto invernadero.
- Se mantiene la dependencia del petróleo y demás combustibles fósiles.
- La contribución al mix energético de las renovables es limitada.
El coste de oportunidad de invertir en gas frente a acelerar las renovables
Destinar capital público y privado a nuevas centrales de ciclo combinado o a infraestructuras de regasificación implica desviar recursos que podrían financiar almacenamiento, redes inteligentes o electrificación de la demanda. Según el propio informe de Economics for Energy, los escenarios de descarbonización requieren inversiones anuales muy superiores en renovables y eficiencia, mientras que los escenarios que mantienen el gas natural como respaldo prolongan la necesidad de importar combustible y retrasan la curva de aprendizaje de las tecnologías limpias.
Además, el gas natural licuado (GNL) presenta una volatilidad de precios que ya se ha demostrado en los mercados europeos durante los últimos años, con picos que han puesto en riesgo la competitividad de la industria. Apostar por más potencia de gas equivale a aceptar una factura energética externa creciente y a consolidar un modelo que no genera empleo local a largo plazo. En cambio, cada euro invertido en solar, eólica o almacenamiento reduce los costes marginales del sistema y aumenta la autonomía estratégica.
Las emisiones fugitivas de metano convierten al gas en un falso aliado climático
El gas natural se compone principalmente de metano, un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global muy superior al del CO2 en horizontes de veinte años. Las fugas en extracción, transporte y distribución, así como el venteo y la quema incompleta, pueden anular gran parte de la ventaja que se atribuye al gas frente al carbón en la generación eléctrica. Diversos estudios satelitales han detectado tasas de fuga superiores a las declaradas oficialmente en instalaciones de todo el mundo.
Si España amplía su capacidad de importación de GNL o construye nuevos gasoductos, estará indirectamente financiando una cadena de suministro con fugas no controladas aguas arriba. La descarbonización real exige medir y reducir esas emisiones en origen, algo que escapa al control de un país importador. Por eso, presentar el gas como “energía de transición” sin auditar su ciclo de vida completo resulta engañoso y retrasa las medidas de reducción directa de la demanda.
El riesgo de bloqueo tecnológico e institucional para el horizonte 2050
Construir hoy una central de gas con una vida útil de treinta o cuarenta años significa comprometer emisiones e inversiones más allá de 2050. Ese fenómeno, conocido como lock-in o bloqueo de carbono, dificulta políticamente el cierre anticipado de activos y crea incentivos para pedir prórrogas. Los escenarios de Economics for Energy muestran que mantener las políticas actuales o apostar por el gas como respaldo conduce a incumplir los objetivos de descarbonización total, ya que las infraestructuras fósiles tienden a perpetuarse.
Además, el bloqueo no es solo tecnológico: los contratos de suministro a largo plazo, las tarifas reguladas y los intereses de los operadores existentes generan una inercia Redacciónistrativa difícil de revertir. Para evitarlo, se necesitan señales regulatorias claras que impidan nuevas inversiones en generación fósil, así como mecanismos de salida ordenada para las plantas existentes. Sin esa planificación, cada megavatio de gas instalado hoy se convierte en un obstáculo para el sistema 100% renovable de 2050.
Alternativas concretas al gas para garantizar la seguridad de suministro
El argumento de que el gas es imprescindible como respaldo ignora el avance de las tecnologías de almacenamiento y gestión de la demanda. Las baterías de gran escala, el bombeo hidroeléctrico reversible, el hidrógeno verde y la agregación de vehículos eléctricos ya pueden proporcionar servicios de firmeza y flexibilidad a costes decrecientes. En los escenarios de descarbonización analizados, la combinación de estas soluciones reduce la necesidad de respaldo fósil a niveles casi nulos en 2050.
- Almacenamiento electroquímico de corta y media duración para cubrir picos de demanda.
- Bombeo y centrales hidroeléctricas reversibles para almacenamiento estacional.
- Gestión activa de la demanda mediante tarifas dinámicas y electrificación inteligente.
- Interconexiones internacionales con países de alta penetración renovable.
Frente a estas opciones, insistir en más gas natural equivale a elegir la solución más cara y contaminante para un problema que ya tiene alternativas viables. La planificación a largo plazo debe priorizar la inversión en redes y almacenamiento, no en infraestructuras fósiles que quedarán obsoletas antes de amortizarse.
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