El precio de la energía eólica marina se ha reducido a la mitad en menos de dos años y se espera que en la década del 2020, sea tan barato o más barato que cualquier otra forma de generación de energía.
Por el momento, se ha vuelto mucho más barata que la energía nuclear, incluso teniendo en cuenta los costos adicionales asociados con la intermitencia del viento. Y en cualquier caso, esto no representa un gran problema en el mar, donde los vientos son más constantes.
Todo parece indicar que estamos a las puertas de una “revolución tranquila”. De ser la forma más costosa de la energía renovable, el viento se está convirtiendo rápidamente en la forma más barata de generación a gran escala y con una muy baja emisión de carbono.
Muy probablemente cuando vayamos 10 años hacia el futuro y miremos hacia atrás, es posible que veamos 2016, 2017, 2018, como el punto de inflexión. Quizás cuando miremos hacia atrás, diremos, “wow, algo le pasó a la energía eólica y solar durante esos años que cambió completamente la dinámica. »
En esta lucha contra el cambio climático, un problema realmente enorme sigue siendo invisible para la mayoría de la gente en Europa y la civilización puede ser salvada con esos conocidos vientos en alta mar, una solución enorme e igualmente invisible.
Los parques eólicos marinos que se construirán en el Mar del Norte significan miles de millones más en inversión extranjera que está dispuesta a un cambio y que ven la oportunidad para un próspero mercado de exportación con estos contratos de desarrollo eólico en alta mar.
En Europa se necesita energía asequible y segura y para eso hay que reemplazar nuestras centrales eléctricas obsoletas y satisfacer la creciente demanda de la revolución del vehículo eléctrico. El viento, junto con un sistema de energía inteligente, incluyendo el almacenamiento y las interconexiones, debería ser la columna vertebral en el futuro.
Números que rompen el mito: costes frente a lo nuclear
Las subastas de los últimos años cuentan una historia clara. En septiembre de 2017, el Reino Unido adjudicó proyectos de eólica marina con un precio de ejercicio de 57,50 libras por megavatio-hora, muy por debajo de las 92,50 libras garantizadas a la central nuclear de Hinkley Point C. Un año antes, el parque danés Kriegers Flak se comprometió a vender su electricidad por 49,90 euros por megavatio-hora, una cifra que ni siquiera los defensores más optimistas de la energía nuclear podían imaginar para una nueva planta atómica.
El coste nivelado de la energía eólica marina, que incluye construcción, operación, financiación y desmantelamiento, ha caído alrededor del 60 % desde 2012. En cambio, los nuevos reactores nucleares han visto inflarse sus presupuestos: los sobrecostes de Flamanville 3 en Francia y de Olkiluoto 3 en Finlandia superan con creces los 10.000 millones de euros cada uno, con retrasos de más de una década. Incluso sumando los costes de integración en la red por la intermitencia del viento, estimados en unos 10 a 20 euros por megavatio-hora, la eólica marina sigue siendo significativamente más barata.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que, para 2040, el coste medio de la electricidad eólica marina en Europa estará por debajo de los 40 euros por megavatio-hora, sin subsidios. Mientras tanto, el coste de referencia para una nueva central nuclear se mantiene por encima de los 80 euros por megavatio-hora según la mayoría de los análisis independientes.
La revolución silenciosa de la tecnología eólica marina
Hace apenas una década, los aerogeneradores marinos típicos tenían una potencia de 3 megavatios y aspas de 90 metros. Hoy, los modelos comerciales superan los 14 megavatios, con rotores de más de 220 metros de diámetro, y los prototipos de 15 a 18 megavatios ya están en pruebas. Estas máquinas capturan más energía con menos cimentaciones, cables y mantenimiento, reduciendo el coste por kilovatio-hora de forma drástica.
La capacidad de un parque también ha cambiado. Las granjas marinas modernas alcanzan factores de capacidad superiores al 50 %, frente al 30-35 % de hace diez años, porque las turbinas son más altas, los vientos marinos más constantes y la electrónica de potencia más eficiente. La introducción de cimentaciones flotantes permite además instalar aerogeneradores en aguas de más de 60 metros de profundidad, abriendo zonas como el Atlántico frente a España, Portugal o Escocia, antes inaccesibles.
- Palas aerodinámicas de fibra de carbono ultraligera
- Sistemas de control inteligente con sensores en tiempo real
- Buques de instalación autopropulsados que reducen los días en el mar
- Subestaciones flotantes y cables de alta tensión de corriente continua
Beneficios socioeconómicos y ambientales frente a la alternativa nuclear
Construir un parque eólico marino de 1.000 megavatios lleva entre dos y cuatro años desde la decisión final de inversión. Una central nuclear de potencia comparable suele necesitar entre diez y veinte años, incluidos permisos, construcción y pruebas. Esa diferencia temporal significa que cada euro invertido hoy en eólica marina empieza a generar electricidad y a ahorrar emisiones de CO₂ mucho antes que su equivalente nuclear.
La eólica marina crea además más empleo por teravatio-hora generado que la nuclear durante toda la vida útil. Un estudio de la Comisión Europea cifra en unos 15 puestos de trabajo directos e indirectos por megavatio instalado en eólica marina, frente a menos de 2 por megavatio en nuevas nucleares. Las cadenas de suministro se reparten entre astilleros, fábricas de torres, puertos y servicios de mantenimiento, generando empleo local y permanente.
Desde el punto de vista ambiental, la eólica marina no produce residuos radiactivos de alta actividad ni requiere planes de gestión de residuos a cientos de miles de años. Su huella de carbono de ciclo de vida, incluyendo fabricación, transporte e instalación, está en torno a 12 gramos de CO₂ por kilovatio-hora, comparable a la nuclear y muy inferior a cualquier combustible fósil.
El Mar del Norte como gran batería: interconexiones y almacenamiento
Una crítica recurrente a la energía eólica es su variabilidad: cuando no sopla el viento, hay que recurrir a otras fuentes. Sin embargo, en el Mar del Norte los vientos son notablemente más estables, y la futura red eléctrica interconectada entre Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica y Noruega actuará como una gigantesca batería virtual. Los excedentes de viento en un país podrán compensar la calma en otro.
Además, la combinación de parques eólicos marinos con producción de hidrógeno verde abre una vía para almacenar energía a gran escala y descarbonizar sectores difíciles como la industria siderúrgica, el transporte marítimo o los fertilizantes. Varios proyectos piloto en el Mar del Norte, como los planes de Países Bajos y Alemania, ya prevén electrolizadores conectados directamente a aerogeneradores marinos, evitando pérdidas de transmisión.
La interconexión submarina de corriente continua también permite que la energía eólica marina fluya hacia los centros de consumo de forma eficiente, con pérdidas inferiores al 3 % por cada 1.000 kilómetros. Esta red, unida al almacenamiento químico y a baterías de corta duración, desmonta el argumento de que las renovables no pueden garantizar un suministro estable. Todo parece indicar que el viento en alta mar no solo es más barato, sino también más fiable de lo que muchos pronosticaban.
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